Necesitan las flores de rocío, !
necesitan los barcos de timón; !
mi alma, señor, es una joven planta!
y un débil barco a quien la mar espanta!
es mi tímido y triste corazón.
Hoy camino entre espinas y dolores, !
mis paraísos de risueñas flores!
¿qué se hicieron, señor, en dónde están? !
Esperanzas, ensueños, alegrías!
¿qué son hoy para mí? Cenizas frías!
que entre la tumba de mi pecho van.
Padre, padre querido ¿qué te has hecho? !
Desde la noche que te vi en tu lecho!
no te he vuelto a encontrar ¿en dónde estás? !
¿Por qué me abandonaste tan temprano? !
Tras un adiós y un apretón de mano!
nos separó a los dos la Eternidad.
Escucha tú también mi pobre acento, !
tú que me acompañaste en mi tormento, !
oye, señora, mi doliente voz; !
desde la triste fecha de aquel día!
he padecido tanto, amiga mía, !
que de sentir me duele el corazón.
¿Lo recuerdas...? ayer... allá en su lecho!
sostenido su cuerpo con mi pecho!
tú enjugabas el llanto de los dos; !
un instante después mi padre amado, !
me dijo, balbuceando: ¡Hijo adorado!
cuida de mi familia... y expiró.