NOSTALGIA DEL PASADO - UNA FLOR EN LAS TINIEBLAS

"Estos poemas es una reminiscencia al momento que abandoné mi casa campesina, a la edad de 16 años para irme a estudiar al pueblito".




Entre flores y azucenas corrió un día
los años de mi niñez efímera,
los lloros de mi pueril dolor,
la infancia de mi primer amor.
Tiene esta elegía un fiel testigo,
un viejo caserón, un sol amigo;
mis hermanos y mis padres
de mi vida y de mis días los autores.
Allí por darme vida gimió mi madre.
Allí... por darnos el sustento vi a mi padre,
de su frente arrugada brotar agua
y sangre de su mano encallecida.
De mi madre heredé las dotes de mi alma,
y de mi padre el amor a la campiña.
Un día marché con el hacha entre mis manos
y a su lado fuí a rasgar el alma de los campos.
El tiempo tranquilo iba pasando,
mas un día me llamó a su destino,
separando de mi lado mis ensueños,
mis padres, mis hermanos y mis campos.
Hoy me hallo lejos de ti, hogar querido,
las voces de amor bajo tu techo escuchar no puedo,
sólo un recuerdo llevaré dentro del alma,
que fuiste tú... la luz de mi primera infancia.
Esta noche mi alma arrobada en tu recuerdo,
ha dictado unos versos pobres de sentido,
pero llenos de amor y luz divina
brindados por un hijo de tu alma.
Mas no te digo adiós hogar lejano,
porque siempre te llevo aquí en el pecho,
sólo te digo hasta luego tierra amada,
Con una lágrima en los ojos,
Y un suspiro de mi vida.

Carlos E. Alvarez "alvalencar" - Poeta colombiano



UNA FLOR EN LAS TINIEBLAS


Eráse una noche de invierno y de luciérnagas.
Una noche oscura y fría de buhos y cocuyos
De aquellas noches cómplices de crímenes horrendos,
donde el moribundo en su último estertor de muerte...
lanza un quejido, y su eco en la soledad se pierde.
Noche en que la aurora jamás alcanza a verle
El último explendor a las estrellas.
Aquella noche vagaba mi alma por desiertos
buscando una flor entre la arena
y un oasis para ahogar mi amarga pena.
Entre sus sombras buscaba el sedante de la vida,
¡Lo llamé!.....Mas nadie contestó a mi queja adolorida.
¡Tristes me detuve! Entonces con dolor profundo...
comprendí que era un muerto para el mundo,
y un vivo que andaba entre los muertos.
¿ Por qué buscar oasis donde no hay arena?...
Y para qué buscar arena donde no hay desierto?.
Si sólo era un pueblito de calles y alamedas,
Parques manantiales y palmeras
La noche estaba fría. Si!¡..Y todo estaba yerto
Sólo yo continuaba por sus calles muy despierto,
acariciando con dolor mi amarga pena.
Las gentes dormían la paz de sus hogares.
Todo era triste. silencio, sombras y fantasmas,
navegando con el viento entre las ramas.
¡Se presentía muy cerca al Dios de los avernos!.
No sé si tuve miedo o celos infundados,
al sentir el gélido aleteo de un estúpido murciélago,
que silvaba al pasar del tosco muro al mudo alero.
Era una noche de agüeros infernales.
¡Oh dios mío! Que cínica noche de impiedad.
Estoy solo y mi alma está meditabunda.
¿soy acaso un aparecido de ultratumba?.
Por qué tanta impiedad en tantos corazones ¿...
¡ Dios mío! Los cielos se tornan en negros nubarrones.
Por qué prohibes a la luna su casta cara aparecer?.
¡ No lo niegues!, algo quieres esconder,
en los escombros de esta impúdica ciudad.
Continuaba en agresivo soliloquio con mi alma.
y de repente un grito triste y sin sentido,
rompió el silencio de la noche solariega.
Escuché como soñando en el desierto estaba,
los hambrientos chacales de la estepa,
donde hay para cada noche un moribundo
que deja con dolor al despiadado mundo.
que se ríe malevo de su suerte adversa.
Será el amo fantasma señor de las tinieblas,
buscando entre las sombras la flor entumecida?...
No! es un grito de dolor....Un grito de amargura,
pidiendo auxilio a su mísero destino.
Era el lamento sin sentido de un humano ,
perdido en la torva oscuridad de su desgracia.
Quién sería? ¿Un anciano...Un moribundo, talvés un niño?
¡No lo supe!....Sólo comprendí que aquella noche,
otra alma libaba la copa salobre de unas penas.
Con paso vacilante caminé entre las sombras.
Busqué con avidez mi amigo de infortunio,
y en el umbral de un de una mísera casucha,
yacía una pequeña desnuda y casi yerta.
___Qué haces tan sola en esa puerta?
Comensé; por dialogar con la inocente.
No ves que el sol ya se ido, la noche es negra, oscura e inclemente?
Las sombras sólo abriga un turbio nido de fantasmas.
___Más negras son las noches que llevo aquí en mi pecho;
más triste y oscura es mi vida,
soy errante golondrina fugitiva,
cruzando el horizonte hasta el ocaso,
mas sólo encuentro el dolor a cada paso,
y jamás encontraré lo que a mi edad se añora.
Cruzando voy, una noche sin aurora,
Y nunca...Nunca hallaré mi nido.
Tuve madre, mas no sus besos tiernos,
he nacido en el rincón de una taberna,
y jamás gocé el pañal de dulce cuna.
¡Señor!, Fuí un capricho engendrado del destino,
soy una sombra de pecado en el arroyo.
¡Perdono!, si es que hay perdón cuando hay venganza
le juro señor, que he perdido la fe y la esperanza.
Por Dios comprenda mis rebeldes pensamientos.
Sentí un extraño frío correr entre mis venas
al oir desplegar su inocente reveldía.
un condenado en desespero parecía,
renegando de Dios por su impiedad.
No pude condenarla.. Comprendí la realidad.
Yo lo sé muy bien. las penas deprimen el alma.
Se pierde el temor...La fe...la calma.
Emociones del alma, que se esfuman cuando de por medio viven penas.
La noche tornó, a su monótono silencio.
El frío acrecentaba con déspota impiedad,
clavando sus garras con saña...con crueldad.
La niña enmudeció; por un instante.
Quizás esperando un reproche a su queja inocente.
¡Reprenderla! ¿Por qué?....Si era una querella su dolor,
o el eco a su silencio abrumador.
y el cáliz de su alma se había roto en el desprecio.
Yo que mis penas con dolor acariciaba,
sentí fuerzas ante el valor de la inocente.
Entonces comprendí que no era muerto entre la gente,
ni un vivo errante entre los muertos.
Pero hubo en mi pecho sentimientos ?
Quién cambió mi alma en un instante?
Sería el dolor o las penas de aquel ser inocente?....
Talvés sería la forma escueta como hablaba.
No lo sé. Es difícil comprender el alma
que dormita inquieta en cada humano.
Más aún cuando hay en lo profundo
la herida sangrante de unas penas.
Son todas ilusiones vanas,
buscar estrellas en los cielos grises,
cuando el alma tiene para el dolor matices,
triste realidad que el mundo candoroso su valor ignora.
Por mi cerebro pasó un inquieto pensamiento.
¡Seré rebelde!. De la vida , sólo tengo hastío,
tengo penas, desdicha y abandono solo siento,
Y no me importa del mundo sus grandezas.
Mi sendero un día, tan lleno de esperanzas,
tornóse oscuro, y mi vida inaccesible.
Por qué?, en este infierno horrible
pagar el delito que jamás he cometido
Absorto continuaba yo pensando,
hasta olvidar mi inocente compañera.
Señor? ¡buscas en el cielo alguna estrella?
No. No capullito de mi amor.
Jamás brindan con sus rayos el calor,
Solo brillan con gélido desdén.
Solo buscaba de los cielos el Edén,
para hacer contigo un bello nido.
Ya lo sabes. Eres mi compañera de la noche fría,
hermosa niña que brotó el arroyo.
También soy hoja que abandonó al escollo,
el vendaval maldito de mi suerte adversa.
¡Oh!...Hermosa niña, milagro entre la noche fría.
Tu vida y la mía, es una historia triste...
una historia de dolor que se reviste,
de calor en la penumbra de esta noche impía.
Cuál es tu nombre?
Me dicen Cecilia la mendiga.
¡No sientes frío, hambre o sueño?
Sí. Un frío intenso aquí en mi pecho,
que me extremece cada vez que pienso en mi destino.
Quieres ir en tu dolor conmigo?
___!Sí! Quiero unir mis penas a las tuyas,
madre no tengo. Tu lo sabes. Amigas...
las penas, y tu compañía que el cielo me prodiga.
Brotaron de sus ojitos bellos...
y rodando lentamente por su carita pálida,
dos tiernas lágrimas de cristalizada plata.
¡Que honda sensación sentí en el pecho!
Aunque agobiado y yo siendo un macho
sin llorar , como lloran las dolidas hembras
sentí en el alma desprender mis lágrimas.
¡Quise contenerlas!...Pero se licuaron en mis ojos.
Que raros matices da la vida
para los seres que ingenuos por el mundo cruzan,
unos lloran, mientras otros de alegría cantan,
mas hay veces el pecho canta cuando el alma llora.
Sería malo llorar....Ella hembra y niña adolorida,
Yo hombre en niño convertido?...
¡No!...Llorar cuando hay penas no es pecado,
más aún cuando sentimos el alma herida.
Con lágrimas aún entre mis ojos,
junto a ella a sus pies me arrodillé,
lLe tendí mis brazos y en ellos la estreché,
cual si fuera de mi pecho fiel pedazo.
No quiero verte triste. Hallaré para tí un tibio lecho,
y es tuyo el calor que sientes junto a mí.
Las lágrimas....El dolor, tus penas, toda tú,
dormirán hasta la aurora entre mis brazos.
Sus manitas de seda enlazadas a mi cuello,
temblaban cual rama por el viento zacudida.
Tienes miedo? Acaso lloras florecita entumecida?
No respondió. Solo un hilillo de plata
fue la tímida respuesta a su pena dolorida.
Sí. Lloraba en silencio la inocente.
Había encontrado...No en los brazos de una madre,
un amor en los brazos de un extraño
Por qué tiemblas? No crees en mí? Te causo miedo?
¡Dímelo!. Dímelo retacito de crisol.
Nada dijo...Sólo respondió con un suspiro de dolor.
Sombras y más sombras bañaban el ambiente triste y escabroso,
sólo el alma de dos vidas pernoctaban en silencio.
Tomé su cuerpecito entre mis brazos con paternal amor,
Sentí amor ...amor y más amor,
por aquella pequeñuela fruto de una noche de pecado
Las sombras se hacían más negras cada vez,
y el frío arreciaba sin compasión a cada instante.
Quise hallar refugio para mi tierna infante,
pero solo había muros y viejas tapias.
No importa. Dormirás entre mis brazos y las sombras.
Mis ojos velarán por tí hasta la aurora.
el dulce sueño de tu alma candorosa.
Ven y sueña con Dios jugando entre las nubes.
Con su cuerpo entre mis brazos me acurruqué cansado,
a esperar la luz de un nuevo día.
Pero...!Oh Dios! algo extraño sobre mi pecho sucedía,
la niña mi cuello no apretaba
Y convulsa entre suspiros sollozaba.
Pero...Es que lloras otra vez?.
Estoy contigo, estás entre mis brazos. Ya lo ves,
Ya no eres fruto del arroyo abandonado.
No lloraba. Tampoco podía llorar,
la nostalgia de un pasado,
se había esfumado en las alas de un dulce sueño.
Sí. Se había dormido la angelical criatura
Pero lloraba soñando con su madre amada,
Incauta dicha, que jamás podría
gozar la niña en su vida un día,
aunque cruzara el cielo y sondeara el mar.
Que hermosa así dormida, quedó aquella flor del cielo.
Velaré su sueño con mis ojos muy despiertos.
De repente un velo negro allá en los cielos.
deja aparecer la inmaculada y blanca luna.
Sin quererlo...Pero me dormí al besar su frentecita casta.
Sólo la luna se quedó despierta,
acariciando el triste cuadro que pintó mi mano,
sobre el tapiz oscuro de un pueblito viejo.

Por...Alvalencar


Esta historia es ficticia. Nace del siguiente episodio, que me ocurrió en mi juventud.
En mi pueblo natal llamado Abejorral, hay una gran pileta de agua y a su alrededor los parroquianos van a conversar y comer frutas deliciosas traídas de los campos.
Muchas veces cuando terminan su glotonería arrojan las sobras al fondo de la pileta. Luego el personal que hace el aseo saca estos escombros ya podridos dejándolos amontonados para luego recogerlos.
Un Día observé una pequeña comiendo con deleite esas sobras podridas y descompuestas.
En un pueblo pequeño se conoce a todo el mundo, por lo tanto yo sabía quien era la madre de la niña. Era una prostituta "trabajadora sexual" del pueblo. Eso me causó tanta impresión que hasta el momento me persigue ese recuerdo.
Es cierto que nuestras ciudades están llenas de estos gamincitos "niños de la calle", y talvés en peores condiciones, pero en esa época yo conservaba mis sentimientos en estado virginal, con relación al dolor humano.
Sin embargo, auque hoy mi corazón está endurecido, cuando veo esos niños escarbando en las canecas de basura que los ricos y los otros botan, se me encoge de nuevo el alma al recordar aquella pequeñuela cuando yo también era casi un niño.


"Los anteriores poemas son de mi autoría, y tienen que ver con mi vida.
Fueron escritos en el años de 1964, y han permanecido inéditos hasta el día de hoy "año 2002" que los publico en mi sitio.
Permanecieron guardados en manuscrito en un humilde cuaderno de hojas anaranjadas, que ajados por el tiempo ya casi no se podían leer.
No vas a encontrar la métrica que exige la poesía, pero si jirones del alma que los escribió.
Están firmados con el seudónimo de "Alvalencar" o simplemente... Carlos Alvarez V."




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