NO AL MALTRATO DE LOS ANIMALES.
Temas para reflexionar y meditar con el alma



Amigo taurómano, si usted es aficionado o asistente casual y piensa acudir a algunas de de las corridas de toros, deseo proponerle que haga el siguiente ejercicio visual:
En la lidia de uno de los toros concentre su mirada unícamente en el animal, desde que sale por la puerta, hasta que es arrastrado por las mulillas al destazadero.
Para nada mire al torero, solo al toro, y al final de la faena saque sus propias conclusiones de lo que observó.
Puedo asegurarle que observó a un ser vivo como usted, asustadizo ante el bullicio, que nos demuestra muchas veces que no desea estar en el ruedo brincando las tablas o buscando la querencia de la puerta por donde salió y quisiera regresar, que respira su mismo aire, que todo el tiempo se está defendiendo de quienes lo incitan, que se cambiaría gustoso por cualquiera de los que están en el tendido, pero que está seguro que ninguno de ellos se cambiaría por él.
Que no disfruta de los "Olé", ni de los pasodobles, que a pesar de tener un sistema nervioso central que responde a los estímulos del dolor de la misma forma que el nuestro, es herido en varias oportunidades sin entender que hizo para merecer este castigo, y que al final es atravesado por una espada, para agonizar ahogado en su propia sangre aferrándose a la vida con las pocas fuerzas que le quedan, y termina con la mirada perdida y dirigida hacia miles de Sádicos rostros que aplauden y celebran el mórbido resultado de su calvario.
Piense ahora...Si a usted le gustaria estar en su lugar...?
Yo te pregunto...Si el noble animal, pensara y hablara como tú, acaso no pediría a gritos auxilio ante el ataque malevo del salvaje, que con un trapo rojo no solo lo provoca, lo hipnotiza y lo arrincona, si no que cuando lo tenga ya vencido, con una matrera puñalada por la espalda atravesará su corazón.




No concibo como un hombre que hoy pregona a los cuatro vientos su inteligencia y la superioridad sobre los demás seres vivos, sea capaz de solazarse con la sangre derramada por un ser impotente e irracional.
En la época romana se aceptaban estos carnavales cavernarios e inhumanos, al fin y al cabo, había muy poca diferencia entre una especie y otra.
Las fieras nacieron con el instinto de luchar, pero hoy 2500 años después que el hombre ha sobrepasado las barrearas del sonido, que llegó a la Luna, que puede hacer una copia de si mismo sin seguir las leyes naturales, no es posible que la sangre derramada de una manera tan villana le llene de placer y regocijo.
Que distinto sería, si solamente al noble bruto lo torearan.
Si no existiera la pica, las banderillas y los estoques.
¡Sería con toda seguridad...Un bellísimo espectáculo!


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